El poema del verano

La Biblioteca internacional continúa con”El poema del mes”. Para los meses de verano hemos elegido el poeta ruso Yevgeny Yevtushenko(Rusia,1932-USA,2017). Esta vez no nos propusimos editar el mismo poema en los ocho idiomas del sitio, pero el poeta es Yevtushenko.

 

 

El soliloquio de zorro azul

 

Soy un zorro azul que vive en una granja gris.

Condenado a la muerte por mi color,

detrás de estas rejas de alambres a prueba de mordiscos

no me siento nada de contento con mi color azul.

 

Oh Dios, ¡yo quiero cambiarme de piel! Quemarme

como un demente hasta descuerarme a mí mismo,

pero mi exuberante y tieso pelo azul se filtra por mi piel.

 

¡Cómo aúllo! ¡desesperadamente lanzo alaridos!

igual que las peludas trompetas del Juicio Final

implorando a las estrellas deseando ser libre para siempre

o al menos sacarme esta piel de una vez por todas.

 

Alguien que paseaba por aquí oyó mi aullido

y lo metió en una máquina grabadora. ¡Qué estúpido!

¡Él no sabe ni siquiera aullar, pero seguro

comenzaría a aprender si lo agarran y lo encierran aquí!

 

Me caí al suelo, moribundo.

Y quien sabe por qué no me morí.

Me vino una depresión como si tuviera mi propio Dachau  (*)

pero ya lo tenía muy claro:  jamás escaparía.

 

Una vez, después de comerme un pescado podrido,

me di cuenta que la jaula estaba entreabierta

y me lancé hacia el abismo

con la imprudencia de un ingenuo cachorro.

Una cascada de perlas lunares pasaron por mis ojos.

¡La luna era un círculo! Y ahí me di cuenta

que el cielo no estaba dividido en segmentos cuadrados

como yo me lo imaginada viviendo dentro de una jaula.

 

Pedazos de hielo flotantes de Alaska había por todas partes

de los que logré esquivar aún  estando enfermo

pero sabiéndome libre algo cambió dentro de mis pulmones

por todas las estrellas que me había tragado.

 

Hice travesuras, ladré cosas hacia los árboles

que no tenían ningún sentido. Fui yo mismo.

Y hasta la misma brillante nieve tenía miedo

de que yo tuviera un color tan azulado.

 

Mi madre y mi padre no se amaban

pero se casaron de todas maneras.

Cómo me gustaría encontrar una hembra

con la que pudiera rodar y volar por la nieve.

 

Ahora me siento cansado. Hay demasiada nieve por todas partes.

No puedo levantar mis pesadas patas.

No he conseguido amigos ni tampoco hembras.

Un niño cautivo es muy débil para ser libre.

 

El que nació en una jaula sentirá nostalgia por su jaula.

Horrorizado me di cuenta de cuánto la amaba

y el espacio donde me escondían detrás de una reja,

ese lugar que era una industria de pieles, mi tierra natal.

 

Entonces regresé exhausto y golpeado.

Un poco después la jaula fue sellada

y mi sentimiento de culpa se transformó en rencor

pero el amor me protegió mágicamente contra el odio.

 

Es cierto, las cosas han cambiado en la granja de pieles.

Acostumbraban a asfixiarnos  en sacos.

Ahora nos matan de una manera más moderna,

nos electrocutan. Todo es maravillosamente ordenado aquí. (**)

 

Contemplo a la cuidadora que es una muchacha esquimal.

Su mano se posa amigablemente sobre mí.

Sus dedos rascan la parte detrás de mi cuello.

Pero una tristeza parecida a la de Judas hay en sus ojos angélicos.

 

Ella me cuida de mis enfermedades

y por nada me dejará morir de hambre,

pero yo sé que cuando llegue la hora, implacablemente

ella me traicionará cumpliendo su trabajo.

 

Con un poco de humedad en sus ojos

ella sacará el collar de mi cuello cantando bajito:

“¡Hay que ser humano con los empleados! En la Oficina

de Ejecuciones del Instituto de la Granja de Pieles.

 

Me encantaría ser ingenuo como mi padre

pero nací en cautiverio: yo no soy él.

 

El que me da de comer, me traicionará

El que me cuida como animal doméstico, me matará.

 

(1967)



 
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